asi se vive el sindrome de asperger

Mi nombre es Paula y tengo el sindrome de asperger,

que se encuadra dentro de los trastornos generalizados del desarrollo. No soy el único, hay más, tanto en el mundo real, como Bill Gates, como en el de la literatura y el cine (Lisbeth Salander), que conviven día a día con este síndrome.

Imagínate que puedas llegar a ser capaz de tener habilidades tan increíbles como sólo necesitar unos pocos minutos para hacer una caricatura cómica, cuando otros necesitan horas, días y semanas, que se te dé bien la gran mayoría de los deportes, tener buen oído para la música, dibujar con perspectiva a los 3 años y un conocimiento amplio y enciclopédico en muchos terrenos… etc. Habilidades que tengo, entre otras muchas, y que también las tienen otras personas con el síndrome que son mucho más geniales que yo. Pero que todos los días de tu vida estén llenos de broncas, insultos, ascos de la gente e incluso risas sin motivo también son algunas de las cosas que nos acompañan.

En cuanto a las causas, destaco en primer lugar la falta de consideración hacia los sentimientos ajenos:

Habitualmente puede que diga algo que no debo y a veces, sin tener una intención premeditada, se lo comunico a alguien que no debía saberlo; también puede que use un vocabulario impropio o que no sepa defenderme correctamente en una conversación, no respetando equilibradamente los turnos, diciendo cosas que no vienen a cuento, o no teniendo picardía para mentir venialmente o lo contrario. Esto lo suelo hacer inconscientemente y me llevo verdaderos disgustos.

En segundo, tengo una serie de torpezas impresionantes. Me da “grima” hacer tareas tan simples y vitales como llamar a los bomberos y me pongo de los nervios en los trámites burocráticos. Mi falta de consideración hacia los sentimientos ajenos me hacen presa fácil, soy excesivamente sensible y excesivamente sincero.

En tercero, tengo una larga lista de manías y fobias; un miedo excesivo a los animales depredadores (especialmente a las serpientes), temor a la suciedad, soy de todo o nada; o blanco o negro; bien o mal pero nunca neutro. No soporto que haya un cambio de planes, me pongo enfermo si cambian la posición de un cuadro de mi habitación sin avisarme y el peor de todos los cambios es el de vivienda y región, tardo 8 años en adaptarme (es decir, en tranquilizarme y tener gusto al sitio) a cada nueva casa y a cada zona.

En quinto lugar, manifiesto unos cuantos problemas extrasensoriales:

No soporto determinado tipo de luces (las de bombilla normal especialmente) y determinado tipo de ruidos metálicos como el correr de ventanas metálicas oxidadas o anticuadas.

Lo que he escrito no es una descripción exhaustiva de todo lo que me pasa por tener el S. de Asperger, pero que creo que ya muestro lo suficiente para que quien no lo conoce pueda hacerse una idea.

No hago comparaciones entre lo que soy y cómo son los  demás: yo al principio les envidié, pero ahora que tengo la mayoría de problemas controlados o hábilmente escondidos de los intolerantes, ya no se la tengo a nadie.

Llevo 8 años tratando de reforzar las ventajas intelectuales del síndrome, pero también de controlar todos los inconvenientes.

Para evitar problemas sociales hago las siguientes cosas:

Como no puedo acordarme de ser correcto (ni aunque lo memorice), hago lo siguiente:

Todos los días de mi vida, tengo que premeditar todo lo que digo (de modo que sepa siempre qué contestar), como hacen con los políticos los discursos, con la gran diferencia de que estos discursos duran desde que me levanto hasta que me acuesto y son mucho más agotadores y tensos. Es más, tengo mi propia lista de instrucciones diarias.

Escondo mis manías y fobias. Para no ser excluida y además, ser tolerada, me he tenido que aguantar lo suficiente cuando la manía, problema extrasensorial… etc. ataca; en otros no podía aguantar, incluso he hecho teatro fingiendo que me pongo mala por otra cosa, para que la gente no descubra que tengo esa manía o problema extrasensorial. Y en otros momentos la manía es tan insalvable que huyo de conocer determinado tipo de gente y sus consecuentes familias para evitar conflictos sociales y angustias, a no ser que sea por trabajo.

Mi día a día prácticamente ya no tiene nada que ver con el que tenía hace años atrás. Desde que tomo precauciones con lo mío, casi tengo una vida tranquila y sin incidencias, pero las llamadas de amigos echándome broncas cada vez que cometo un error o los conflictos en los que me meto por malinterpretar el mundo, siempre estarán presentes debido al síndrome. Y todo lo sufrido durante estos años, por no tener ni idea de qué era y no tomar las medidas adecuadas, me ha dejado una herida que jamás cicatrizará.

Este es mi caso y mi punto de vista personal.

 

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