El pictograma de la tristeza

Enviado por Autismo Diario on 27 marzo, 2013.
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Miguel tiene ocho años, usa gafas, una mochila de Bob Esponja y tiene autismo. Ha dejado de asistir al centro de terapia donde recibía un tratamiento específico. Allí aprendió a comunicarse, conoció a otros niños como él, jugaba y eso le hacía feliz. Los últimos meses antes de abandonar forzosamente el centro, utilizaba, más que ningún otro, un pictograma de una cara triste cuando la psicóloga le preguntaba como estaba. Miguel ha tenido que abandonar el centro porque la Generalitat Valenciana hace tiempo que dejó de pagar. En total el gobierno Valenciano debe 1 millón de euros a 10 entidades que tratan a 400 niños con autismo.

Un pictograma es, a menudo, la única forma de comunicación entre un niño con autismo y el mundo. Beber, hacer pipí, comer, papá, mamá, triste, animal, feliz,…, son algunos de los dibujos en velcro que toman y enganchan allí donde toca. Es un lenguaje dibujado que los rescata de un mundo asilado y que les permite expresar emociones, acciones, etc,…, esencial para el desarrollo cognitivo de niños que, como Miguel, presentan otros problemas físicos y psicológicos asociados.

El padre de Miguel, además, esta en situación de desempleo de larga duración. Ha trabajado toda su vida y nunca antes había estado desempleado, pero ahora no encuentra trabajo en ninguna parte. La madre es ama de casa. Por la noche lloran a escondidas, porque no quieren que su hijo los vea. Miquel, el padre, esconde a Empar, la mujer, que llora; y ella, hace lo mismo con su marido. Por si esto fuese poco, los tres han de comer en casa de la abuela para poder ir tirando. Miguel notaba todo este malestar en casa, motivo por el cual escogía sobre todo el picto de la tristeza.

La Generalidat Valenciana, entre otras muchas cosas, avanzó un aval de 24 millones de euros a Ecclestone, porque este año también pretenden pasear coches de carreras por el puente de “l’assut d’or”; además deberán hacerse cargo de los 250 millones de pérdidas de la Ciudad de las Artes y las Ciencias; las deudas millonarias del Valencia CF también pretenden que las asuma el erario publico, a pesar de la falta de liquidez; y etcétera.

Un coche puede dejar de dar vueltas en un circuito, un edificio de lujo puede cerrar por deficitario, un equipo de fútbol puede bajar a segunda o desaparecer temporalmente; contrariamente, la terapia y el tratamiento de un niño con autismo no puede pararse, su desarrollo no se puede dejar en modo stand-by, ya que abocaría al niño a la nada, lo arrinconaría a un estado vegetativo desde el punto de vista cognitivo. La Generalitat Valenciana no asegura el pago de la deuda, ni con el rescate del Fondo Autonómico de Liquidez, ni de ninguna manera. ¿Quien sabe si no se ha programado ya el cierre de este servicio imprescindible?

¿Alguna vez habéis recibido un abrazo, una sonrisa o un beso de un niño con autismo feliz? Yo sí, y son como los del resto de niños, impagables, pero con un valor añadido: la felicidad de estos niños es el espejo y el fruto de una sociedad justa y digna, que vela por los derechos de quien más lo necesita y a quien dedica todos sus esfuerzos. La sociedad valenciana no se merece el castigo de unos políticos que dejan sin pictos de felicidad a nuestros niños. Y como estoy convencido que serán las personas las que salven a las personas, porque ningún banco, ni cargo político corrupto, ni ningún presidente de la patronal lo hará, ya he colaborado económicamente con una Fundación que lucha para que los niños con autismo puedan devolvernos con sonrisas felices nuestra solidaridad.

Escrito por Jesús Alfonso i Prieto, Xama

Nota de Autismo Diario:

Este texto se publico originalmente en La veu del País Valencià y estaba escrito en valenciano. Hemos traducido el texto al Español procurando ser lo más fieles posibles a la versión original.

Esta situación es lamentablemente habitual, cada día más y más familias de toda España pasan por situaciones similares,  incluso peores (nos consta). Sin embargo parece que no solo nuestros hijos son invisibles, ese manto de invisibilidad cubre también a la familia entera. El hartazgo que ésta y otras muchas situaciones similares nos produce no hace más que alimentar nuestra indignación por la indiferencia de muchas personas hacia quienes peor lo están pasando. Nos parece que el esfuerzo que hacen muchas familias para hacernos llegar una donación es inmenso, esto por cierto nos genera no solo una gran responsabilidad, también un profundo respeto hacia estas familias y sobre todo un compromiso de trabajar hasta dejarnos la piel, o al menos la que nos queda. Es la solidaridad de los pobres, ya que es la única forma que tenemos de salir adelante.

Los ciudadanos que escriben textos como este que hemos reproducido no son irresponsables de sus actos (como sucede con determinados miembros de la familia Real), no son los responsables de la crisis ni del descalabro económico (los responsables siguen calentando con sus posaderas poltronas astadas y revestidas de pan de oro), pero sí se han convertido en los responsables de todos los males habidos y por haber. Quizá sea cierto, y finalmente debamos ser los ciudadanos normales quienes nos salvemos de quienes nos culpan de sus errores.

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